Los españoles traen sus guisos, los italianos sus pastas. Aparecen ya hacia 1872 las romerías españolas, con que se festejan las fiestas de la Virgen y se realizan al aire libre, en el Palermo de antaño. Los italianos traen su gusto por la ópera, que tiene entre ellos difusión popular. Se instalan orfebres. Los obreros franceses, en general galponeros, han venido para colaborar en la instalación de grandes fábricas, e imponen sin querer la moda del llamado pantalón a la francesa, que adoptará el obrero del país.
Los ingleses llegan para trabajar en el trazado de los ferrocarriles. Trajeron con ellos su saber, sus costumbres, su idioma. Y en la nueva Patria recrearon aquella que dejaron para siempre. Los inmigrantes contribuyeron al progreso de la Argentina, a la que le dieron el carácter de “País Europeo de Latinoamérica”. A su llegada encontraron que ya había una cultura y una organización política y social. Pero el aporte que ellos hicieron produjo cambios decisivos en las costumbres, la economía, el arte, las ciencias, la constitución racial y hasta el idioma. El chacarero italiano levanto su casa, planto sus sauces y paraísos y modifico el aspecto del campo. El español, por lo general, no se dedicó a la labranza de la tierra: empezó como peón de almacén hasta que pudo independizarse y poner el suyo. El sirio-libanés y el turco trashumante recorrieron los caminos vendiendo hilos, peines y géneros. Por las calles de la ciudad comenzaron a oírse palabras como “cana”, “chabón”, “laburo”, “milonga”, “guita”, etc. El “lunfardo” (ladrón) una jerga marginal, se estaba arraigando al idioma local, el castellano, que nunca mas fue el mismo. Nació en las cárceles como un lenguaje en clave. Los presos lo empleaban para que los guardias no entendieran lo que hablaban entre ellos.
Los ingleses llegan para trabajar en el trazado de los ferrocarriles. Trajeron con ellos su saber, sus costumbres, su idioma. Y en la nueva Patria recrearon aquella que dejaron para siempre. Los inmigrantes contribuyeron al progreso de la Argentina, a la que le dieron el carácter de “País Europeo de Latinoamérica”. A su llegada encontraron que ya había una cultura y una organización política y social. Pero el aporte que ellos hicieron produjo cambios decisivos en las costumbres, la economía, el arte, las ciencias, la constitución racial y hasta el idioma. El chacarero italiano levanto su casa, planto sus sauces y paraísos y modifico el aspecto del campo. El español, por lo general, no se dedicó a la labranza de la tierra: empezó como peón de almacén hasta que pudo independizarse y poner el suyo. El sirio-libanés y el turco trashumante recorrieron los caminos vendiendo hilos, peines y géneros. Por las calles de la ciudad comenzaron a oírse palabras como “cana”, “chabón”, “laburo”, “milonga”, “guita”, etc. El “lunfardo” (ladrón) una jerga marginal, se estaba arraigando al idioma local, el castellano, que nunca mas fue el mismo. Nació en las cárceles como un lenguaje en clave. Los presos lo empleaban para que los guardias no entendieran lo que hablaban entre ellos.
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